Anhedonia musical

ANHEDONIA MUSICAL

La anhedonia es un término que procede del griego ἀν- : an- «falta de» y ἡδονή : hedoné «placer». Es la incapacidad que tienen algunas personas para experimentar placer por algo o pierden interés en casi todas las actividades.
Por lo tanto no es de extrañar que algunas personas no muestren interés o gusto por la música. A esto se le denomina Anhedonia musical. Por tanto no caigamos en el error de que a todo el mundo le gusta la música.
La música estimula la liberación de dopamina en distintas áreas del cerebro, lo que provoca sensación de placer. A este circuito se le llama sistema de recompensa, y las personas con anhedonia musical tienen los mecanismos de recompensa subyacentes deteriorados.
A las personas que padecen esto, les es imposible emocionarse con la música, por muy bella que sea.
Las personas con anhedonia musical no presentan un incremento en la actividad cardíaca ni en la conductancia de la piel al oír música placentera, como ocurre con las personas sensibles a la música.
La anhedonia musical se genera porque decaen las conexiones entre la zona del cerebro que gestiona los sonidos y el sistema de recompensa, lo que impide que esas personas que la padecen, sientan ningún tipo de emoción o placer hacia la música.
La música es un fenómeno ubicuo, es decir, está presente en todos los lugares del mundo y es parte de su cultura. De hecho, el ser humano siente necesidad y gusto por la música desde edades muy tempranas. Los bebés prefieren escuchar cantos dirigidos a ellos, a que les hablen simplemente.
Sin embargo, la respuesta hedónica a la música no la podemos generalizar como podría pensarse. En el ámbito clínico, se conocen algunos casos en que pacientes con un marcado hedonismo musical quedan privados de este placer a consecuencia de una lesión cerebral focalizada. Pero hasta hace relativamente poco tiempo se desconocía si semejante anhedonia musical podría encontrarse en la población sana. Las personas que la padecen pueden estar totalmente sanas desde el punto de vista médico y emocional, pero escuchar música les deja indiferentes. La anhedonia musical afecta entre al 3% y el 5% de la población.
«Aunque no tiene ninguna ventaja biológica, la música es una de las experiencias más placenteras del ser humano. Sin embargo, poco se sabe sobre las diferencias entre individuos en cómo experimentan este sistema de recompensa en actividades relacionadas con la música», explica Josep Marco-Pallarés, del Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, Barcelona.
Para averiguar cómo eran esas diferencias, este investigador junto con otros del grupo de Psicología Básica de la Universidad de Barcelona y del Instituto Neurológico de Montreal, Canadá, realizaron un estudio cuyos datos se publicaron en la revista Music Perception en 2013.
Según ese estudio, la anhedonia musical se debe a la ausencia de conexiones cerebrales entre la zona que gestiona los sonidos, el nucleo Accumbens y el sistema de recompensa, aunque ambas regiones funcionen normalmente.
Debemos tener en cuenta que los circuitos cerebrales relacionados con el placer de escuchar música son específicos, es decir, propios de cada persona. Por lo que no hay una conexión universal en toda la especie humana que permita a cualquier persona disfrutar oyendo música. Hay personas que no lo sienten así porque esos circuitos cerebrales no se activan en las personas con anhedonia musical. Diversos estudios han demostrado que la ausencia de conexiones entre la percepción de la música y la generación de emociones positivas no impide a las personas que padecen anhedonia musical, tengan la capacidad de clasificar la música, ya que pueden decir si una canción es triste o alegre aunque no sientan nada al oírla.
Que se tenga anhedonia musical no implica que esa persona tenga anhedonia general, por lo que aunque no pueda emocionarse con la música, no implica que no pueda emocionarse con ningún otro estimulo.
La anhedonia musical es innata, pero este fenómeno puede ser adquirido, bien tras una lesión cerebral en el que el cerebro haya tenido una lesión en las zonas del lóbulo temporal y parietal del hemisferio izquierdo, como fue el caso de un joven guitarrista de 24 años, que se golpeó tras intentar saltar un muro, y en consecuencia adquirió una anhedonia musical y dejó de sentir placer al tocar, la música le parecía aburrida y monótona. También puede ser adquirida tras un ictus, ya que si éste afecta a las zonas del hemisferio izquierdo, en concreto al sistema límbico, que es el implicado en el procesamiento de las emociones, como consecuencia ocasiona anhedonia musical. Es cierto que estudios han demostrado que horas de estudio de un instrumento musical evita el primer ictus, y que evita el deterioro cognitivo.
Tocar el instrumento cambia la percepción cerebral de forma diferente a como lo hace escuchar música. Incluso con tan solo una sesión. El acto de tocar un instrumento requiere que muchos sistemas cerebrales trabajen juntos, como los sistemas de audición, el sistema motor y el de percepción.
El Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, Barcelona, ha realizado diversos estudios sobre la anhedonia musical. Han ido más allá de los cuestionarios que dan una medida subjetiva y han medido los cambios fisiológicos y la actividad cerebral relacionados con el placer musical.
La música tiene la propiedad de activar directamente el sistema nervioso autónomo, que es el responsable de hacernos sudar o de acelerar nuestro ritmo cardiaco. Para medir estos cambios se colocan electrodos sobre la piel de las falanges de la mano, midiendo por tanto la conductancia dérmica, que es la respuesta de esa sudoración. Y para medir los cambios cardiacos se colocan los electrodos de forma triangular sobre el pecho. Todos esos sensores captan la señal y proporcionan una información similar a la que realizaría un polígrafo. Detectando el grado de activación fisiológica de un individuo. Además les dotan de una especie de teclado del 1 al 5 donde deberá medir su grado de satisfacción de la música que escucha. Siendo el número 5 el máximo placer, ese que te produce una especie de escalofrío.
Podemos seleccionar una serie de obras musicales para que nuestros pequeños músicos, nos hagan saber su grado de satisfacción y placer que conlleva escucharlas. Podemos observar su piel, si se eriza, o si sus manitas comienzan a sudar por el simple hecho de escuchar.
De esta forma, aunque un poco menos sofisticada podemos tener una pequeña idea de lo que sienten o no nuestros hijos al escuchar música.



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