¿Cómo enfrentarse a un examen?

Una de los mayores miedos a los que se enfrenta un estudiante de música es a los exámenes del conservatorio. Por desgracia no he tenido la suerte de conocer, ni siquiera de que me hablasen de un profesor que enseñe a sus estudiantes a cómo enfrentarse a un examen, tanto escrito como práctico. En muchas ocasiones los profesores piensan que esa capacidad les debe venir por natura. Y no se dan cuenta que esas herramientas hay que enseñarlas y trabajarlas. No nacemos con todas esas habilidades que no se ven en los exámenes pero que  están tan presentes, como el pánico escénico, del que ya hable en mi primer libro, o como de quedarse en blanco o poder abordar con éxito un examen escrito.

Cuando nos dan un examen tendemos a empezar por el principio e ir completando las preguntas en riguroso orden. Bien, empezar por la primera pregunta le da cierta tranquilidad y orden a nuestro cerebro, pero en el momento que encuentra una barrera, bien porque no se lo sabe o no se acuerda de la pregunta, el cerebro tiende a bloquearse y en consecuencia el estudiante se queda en blanco durante media hora, un tiempo precioso que podría estar dedicando a otras preguntas de las que sí conozca la respuesta y por lo tanto podría estar sumando los puntos necesarios para aprobar. Cuando una pregunta se nos atragante, debemos ir a la siguiente o a la próxima que sepamos. El cerebro ante la posibilidad de verse activo y respondiendo a las cuestiones se siente feliz y positivo. Eso hace que piense mejor y más rápido y facilitará que recuerde lo que antes se le había resistido. El cerebro bloqueado no piensa, la respiración se agita, la musculatura se tensa y nada fluye, no es feliz. Pero si el cerebro siente que va superando las etapas se siente dichoso, fluye y se concentra más. Por supuesto estamos hablando desde el punto de partida de que nuestro discípulo ha estudiado, milagros no podemos hacer. Debemos enseñarles a ser honestos consigo mismos, si una respuesta la desconoce, debemos enseñarle a que no usen el tan recurrido recurso por los estudiantes de todas las épocas de “meter paja”. Enseñémosle que se ha de hablar o escribir cuando sea interesante lo que se expone, sino mejor estar en silencio o dejar la pregunta sin contestar. Enrollarse solo quita energías y concede un merecido suspenso.

Si el examen es tipo test, hacer primero las preguntas que se sepan con seguridad, después incurrir en las que se tengan dudas y por último y siempre que no quiten puntos por contestarlas incorrectamente, echar a suertes, siempre claro está que se desconozca la respuesta correcta. Si te quitan puntos por las respuestas incorrectas, hacer únicamente las que se esté totalmente seguro de la respuesta y asegurarnos el aprobado. Intenta dejar siempre tiempo para repasar las preguntas contestadas.

Es muy importante inculcar a nuestro hijo o estudiante el gusto por aprender y que el examen lo vean como una posibilidad de demostrar y dar a conocer su esfuerzo, sacrificio y talento. Al menos intentémoslo, aunque es de todo conocido que algunos profesores que forman el tribunal de exámenes no son nada justos, debido a sus propios intereses, pero eso, es otro capítulo.



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