¿Cómo se debe de estudiar un instrumento?

Que nuestro hijo o estudiante estudie es la batalla principal de todo padre o profesor. Bien, es muy común escuchar a los profesores que hay que practicar mucho y repetir más. Yo lo llevo escuchando toda mi vida desde que entré al conservatorio y lo sigo escuchando en boca de los estudiantes que vienen a mis clases y comparto con el conservatorio. “Practicar y repetir” son dos palabras poco atractivas para cualquier estudiante. Cuando son niños, eso de repetir cansa y es aburrido, por lo que es poco práctico e ineficaz. De ahí que yo trabaje con los pequeños con porcentajes neuronales, es decir hacer muchas y variadas actividades con un único fin o meta. Si yo, por ejemplo, quiero que  aprendan las figuras musicales, me armaré de todo tipo de canciones, juegos y actividades que de una forma divertida y a través del juego se las aprendan, porque los niños aprenden jugando.

Si yo quiero que mi pequeño estudiante aprenda cómo hacer sonar en su violín la nota FA, trabajaré mediante fichas con gomets y juegos que afiancen ese conocimiento. Es más, si yo cierro los ojos y voy imaginándome cómo tengo que coger el violín, cómo tengo que colocar mis brazos frente al violín y al arco, y cómo tengo que presionar el dedo sobre la cuerda hasta el mástil, mi cerebro se estará activando de la misma forma que si lo hiciese. El problema viene cuando vemos que nuestro cuerpo no tiene la velocidad que desea nuestro cerebro. Y ocurre una cosa, por regla general utilizamos unas serie de memorias que nos sirven para nuestro aprendizaje diario, como la memoria significativa, la emocional, la visual, la fotográfica o incluso esa a la que conocemos como memoria tradicional, que en definitiva es la memoria a corto plazo, pero para tocar un instrumento necesitamos de la memoria muscular, es la última en aprender pero la última en olvidar. Cuando aprendemos a tocar un instrumento es precisamente esta memoria la que utilizamos. Lo que ocurre es que en ningún conservatorio ni ningún profesor nos habla de ella. Nos dicen que repitamos y que nos pasemos horas frente al instrumento hasta que nos salga tal pasaje u obra, sin decirnos por qué lo debemos hacer así y qué beneficios tiene. Porque repetir no es nada atractivo y a priori decirle a un niño que repita hasta que le salga o peor aún a un adolescente, en el que el aburrimiento es su “colega” más fiel e inoportuno, llevará al temido abandono del estudio y de la música.

Pero si a un adolescente le explicamos por qué se debe repetir un pasaje de la siguiente forma, no sólo lo entenderá y se interesará porque verá en la repetición una señal de avance. a mis estudiantes adolescentes les digo que la memoria muscular no funciona como el resto de sus memorias. En el caso de la memoria muscular, el protagonista es precisamente nuestro músculo o articulación y que no tenemos un cerebro en cada uno de ellos, sino que tenemos un regidor en la cabeza y él va mandando al cuerpo. Cuando comenzamos a caminar, es una etapa que no por desgracia no recordamos, ocurre lo mismo. Pero sí recordamos cuando aprendimos a nadar o a montar en bici. Lo que ocurre es que la ilusión y el acicate de ser igual que nuestros amigos era mayor a los trompazos, tragadas de agua o miedos que podíamos sentir. Al cuerpo le cuesta aprender más despacio que al cerebro. El cerebro lo entiende, lo razona y asunto concluido, el problema viene cuando deseamos que nuestro cuerpo funcione de la misma forma que nuestra mente. Que yo sepa cómo hacer flexiones no significa que de pronto y sin practicar pueda hacer de una tirada 120 flexiones sin que acabe reventada en el suelo y antes de tiempo. El adolescente debe saber cómo funciona su cerebro, eso le dará un poder sobre su mente, considerará que es un acto maduro y por lo tanto se sentirá valorado, ante los amigos y luego si cabe y en enésimo lugar ante sus padres.

El cuerpo necesita practicar una y otra vez, no solo para aprender, sino también para perfeccionar. Y es ahí donde está la fina línea. Cuando nuestro adolescente toca un pasaje con el instrumento y tras tres o cuatro veces de repetición le sale, satisfecho pasa al siguiente pasaje o frase. Por eso hay que enseñarle la diferencia entre entender, aprender y perfeccionar.

  • Entender es tener una idea clara de lo que hay que hacer o decir.
  • Aprender es profundizar sobre la idea o el concepto, conocer los cambios, las  digitaciones, conocer cómo debe sonar en nuestra orquesta celestial de nuestra imaginación. Necesitaremos muchas repeticiones para aprendernos una frase.
  • Perfeccionar es llegar a la excelencia. Que cada repetición sea consciente y eficaz. Requiere máxima concentración y criterio. Se debe tener paciencia y mucha voluntad.

La primera etapa del aprendizaje, el entender, debe ser algo coordinado entre el alumno y el maestro; entre el estudiante y el profesor (hago diferencia porque la hay a nivel literal y etimológico, como ya expliqué en el primer libro de La Emoción de Ser Padres). El profesor debe explicar al estudiante de una forma eficaz para que éste consiga absorber y comprender la idea. En cambio, a la hora de aprender, será el estudiante quien profundice sobre esa idea o concepto, pero es el profesor quién debe guiarlo para que sea un proceso eficaz y ameno. Al estudiante lo que más le atrae es estudiar poco y conseguir resultados. Evidentemente como profesores no podemos hacer magia, sino seríamos magos en vez de profesores, pero sí que podemos hacer que el estudio sea más eficaz, formándolos en personas eficientes. Por último el alumno debe perfeccionar, de nuevo será él el protagonista de esta acción, pero siempre supervisado por su maestro.

Cuando nuestro hijo o estudiante se coloca frente a una nueva partitura, el proceso del estudio debe ser el siguiente:

  1. Observar el compositor: si es una obra deberá situarla en el periodo artístico para ser consecuente durante su interpretación posterior en las características a tener en cuenta según la época o periodo artístico que corresponda la pieza u obra a estudiar.
  2. Solfear: cantar y medir. Dar un paseo tonal y rítmico por la pieza o fragmento que tiene delante de él. Donde observará la tonalidad, el compás, los cambios de ritmo, los cambios de intensidad, etc. Y así hacerse una ligera idea de la magnitud de la pieza a desempeñar.
  3. Volver a solfear el primer compás o frase,  con el violín en la mano, por lo que la medida no se llevará con el brazo sino que se acompañará del cuerpo para llevarla a cabo.
  4. Tocar lo cantado y repetir ese compás o pequeña frase diez o veinte veces, más si fuese necesario, hasta comprender su sonido y ritmo.
  5. Cuando el primer compás esté entendido y tras varias repeticiones salga con fluidez y siempre al mismo tempo, se comenzará el mismo proceso de repetición con el segundo compás o frase.
  6. Tras repetir el segundo compás entre diez y veinte veces, se retomará el primer compás al que se le unirá el segundo, repitiendo ambos cinco o seis veces, hasta que se unan y el ritmo sea fluido y la afinación la correcta. Huelga decir que si es necesario repetirlo más veces, se haga hasta que se consiga el propósito. Cada estudiante aprende a un ritmo diferente. Pero nunca debemos hacer menos repeticiones de las propuestas, aunque salga a la primera. Debemos enseñarles que repiten para entender, aprender y perfeccionar.
  7. Y tras repetir los dos primeros compases se repetirá el proceso hasta la hora de ponerle fin al estudio. Únicamente y al final de la práctica podremos tocar una sola vez la parte estudiada al completo. El error de muchos estudiantes es comenzar siempre desde el principio y no se dan cuenta de que así pierden un tiempo precioso y se cansan antes de obtener resultados.
  8. El cerebro es muy perezoso y le gusta los resultados rápidos y a poder ser que se consigan sin demasiado esfuerzo. De que sepamos controlarlo dependería la efectividad del estudio y por lo tanto de los buenos resultados.
  9. Al día siguiente, cuando retomemos el estudio no debemos comenzar por el principio, sino por el compás nuevo que dejamos el día anterior. Al comenzar el estudio estamos menos cansados, aunque nos pongamos a estudiar después de toda una jornada.
  10. Debemos descansar cada 10 minutos. Tomamos agua, comemos una galleta o fruta, miramos por la ventana, durante 2 o 3 minutos y volvemos a nuestra tarea. Nunca debemos mirar el móvil, tablet, ordenador, televisión, porque sino nuestro cerebro no se distraerá de verdad.
  11. Nunca debemos probar al principio lo que estudiamos el día anterior, está muy generalizado que el estudiante se pruebe a si mismo tocando al comienzo de su práctica el estudio del día anterior para ver si le sale. En realidad busca el resultado, ante la expectativa de que le salga bien está segregando dopamina que es justo lo que el cerebro necesita para sentirse a gusto y no seguir esforzándose. Así que si al principio del estudio el cerebro tiene lo que necesita, después será más complicado hacerlo trabajar y enseñarle cosas nuevas, porque ya ha conseguido su ansiado premio, ser feliz.
  12. De ahí que seamos unos “domadores de cerebros” y lo eduquemos correctamente. Al estar más descansados pondremos más energía y estaremos más concentrados para aprender los nuevos compases, únicamente al final de nuestra práctica tocaremos lo del día anterior y lo estudiado durante esa jornada. Es muy probable que cometamos errores, no nos debemos frustrar porque entendemos que aunque nuestro cerebro lo comprenda, nuestro cuerpo necesita más tiempo de práctica para conseguirlo. Cuando nuestro cerebro madure la idea y nuestro cuerpo lo haya ejercitado, será el momento que podemos decir que lo hemos aprendido. Entonces llega el momento de perfeccionarlo, para lo de queremos de tocar nuevamente lento y siendo conscientes de todo cuanto sucede. Debemos ser muy críticos con nuestros resultados y tener humildad, coraje y paciencia para repetirlo sin perder los nervios. Eso forma parte de la madurez que debemos inculcar y enseñar a nuestros adolescentes. La parte del perfeccionamiento en los niños pequeños no debe hacerse, debe imperar más la diversión y el que sean felices después de tocar y los resultados que consigan por pequeños que sean, sean un valor en alza.
  13. Debemos de ser músicos de futuro, así que mientras tocamos una nota ya debemos pensar y ver la siguiente. Muchas veces nos quedamos en la nota que está sonando sin predecir y anticiparnos a lo que sigue.


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