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¿CÓMO EVITAR EL FRACASO DEL NIÑO MÚSICO CONECTANDO CON SU CEREBRO? desde los 14 meses a 3 años.

Los padres y educadores para comunicarnos saludablemente con el niño debemos conocer primero cómo funciona su cerebro. Tenemos tres cerebros en uno solo:

El cerebro reptiliano es el más primitivo de los tres y se encuentra en la parte inferior. Tiene ese nombre porque es el que compartimos con los reptiles, es el cerebro que nos permite luchar por la supervivencia. Aquí se encuentran las estructuras que nos permiten respirar y las que hacen latir el corazón. También encontramos las que regulan nuestros estados de alerta, detectan si tenemos sueño, hambre, calor, frío, etc.El cerebro emocional fue desarrollado por los primeros mamíferos y se basa en la capacidad para distinguir emociones placenteras o no. Este cerebro detecta los peligros, las amenazas, las situaciones que nos provocan miedo, también nos ayuda a buscar alimento o personas que nos den seguridad y cariño.El cerebro racional es el más evolucionado y es el que nos ayuda a tener conciencia de nosotros mismos, a comunicarnos, a razonar, a empatizar y también tomar decisiones basadas en un razonamiento intuitivo o lógico.
Por tanto, podemos resumir nuestro cerebro como un órgano de razón, de sentimientos y de emociones.
Los cerebros que más usa el niño son el reptiliano y el emocional. De hecho todo el primer año de vida del niño, los padres deben interactuar con el cerebro primitivo del bebé. A esta edad sirve de bien poco razonar con él, simplemente necesita satisfacer sus necesidades de hambre, sed, frío, calor y sueño, todo ello con altas dosis de cariño. A partir del primer año de vida, el cerebro reptiliano convive con el cerebro emocional, eso se traduce en que los padres deben lidiar los conflictos que el niño presente, con distintos tipos de estrategias, y ser capaces de cubrir las necesidades de sus dos cerebros. Las estrategias más útiles en esta etapa son:
La empatía: que el niño se sienta escuchado y entendido. Ponernos en su lugar hará que tomemos la decisión correcta porque nosotros además lo racionalizaremos.Los límites: son los que le van a ayudar a definir sus accionesEl cariño: altas dosis de cariño y ternura lo calman todo. Proporcionándoles además seguridad y confianza.
A partir de su tercer año de vida, el cerebro protagonista es el racional. El niño comienza a ser capaz de controlar sus instintos más básicos, y se deja guiar por su razón, su voluntad y la intuición. Pero no olvidemos que en esa etapa, el cerebro reptiliano seguirá muy presente en situaciones de sueño, hambre, etc. Y su cerebro emocional demandará mucho cariño.
Conociendo cómo funciona su cerebro en esta etapa, podemos lidiar mejor a la hora de estudiar violín con él y las herramientas que debemos usar en cada caso:
El cerebro reptiliano: Llora porque está cansado e incluso con hambre o puede que la caja de resonancia del violín le haya hecho daño al apoyarla en el cuello. ¿Qué debemos hacer nosotros?. Calmar su molestia y satisfacer la necesidad de descanso. No es el momento de tocar el violín, debemos satisfacer sus necesidades prioritarias.El cerebro emocional: Se siente ilusionado con su violín, quiere tocar el sólo, pero se frustra al no sacar el sonido que él desea, se enrabieta e incluso tira el violín al suelo. ¿Qué debemos hacer nosotros?. Recoger tranquilamente el violín y el arco, aunque algo se haya roto, mantenernos tranquilos, no reñirlo. Su frustración es mayor que lo que le podamos decir o reñir. Nos sentamos a su lado. Pese a que esté morrudo y enfadado, debemos dirigirnos a él con palabras de cariño. Debemos calmarlo, no enfurecerlo más. Su parte emocional está procesando únicamente en como se siente porque no le salen bien las cosas. No está pensando en lo que está bien o mal. Si además llora debemos tranquilizarlo con palabras suaves, que realmente lo calmen. Póngamos en su piel, empaticemos, es lo que su cerebro emocional demanda y necesita.El cerebro racional: toda la ilusión del principio que tenía con el violín, se vuelve amarga. Se siente insatisfecho y preocupado, porque no sabe como tocarlo y sacar un sonido bonito. ¿Qué debemos hacer nosotros?. Ayudémosle a conectar con su cerebro emocional y razonar mejor. Le preguntaremos cómo se siente, le diremos que entendemos que se sienta así, pero que por mucho que llore o se enfade no va a conseguir mejorar su sonido. Lo único que puede ayudar a conseguirlo es que lo vuelva a intentar, pero más tranquilamente. Preguntarle cómo se sentiría él si lo tirasen como al violín. Que el niño empatice, hará que comprenda mejor sus reacciones. Y le diremos que como no le gustaría a él que lo tirasen, no se lo haga más al violín, porque si se rompe, ya no saldrá ningún sonido nunca más de él. Cogeremos el violincito y lo acariciaremos, e incluso le invitaremos a que él lo acaricie también.
Con estas estrategias estamos enseñando a nuestro hijo a hablar con todas las partes de su cerebro.


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