miedo escénico

CÓMO SUPERAR EL PÁNICO ESCÉNICO DESDE PEQUEÑOS

Superar los miedos es parte del desarrollo de la inteligencia emocional de nuestro hijo o alumno. Durante su infancia va a vivir situaciones que pueden provocarle miedo o angustia. Una de las situaciones que más ansiedad o temor provoca es subirse a un escenario o hablar en público. Es primordial saber manejar esas situaciones desde pequeños y ayudarle a que viva una vida libre de miedos o situaciones que le provoquen ansiedad o angustia.

De cómo le enseñemos a nuestro pequeño a afrontar o controlar ese miedo, va a condicionar su forma de hacerlo cuando sea adulto.
Algunos padres optan por alarmarse tanto que se ponen nerviosos y gritan al pequeño, lo que provoca en el niño un nivel de alarma en su cerebro y por tanto consiguen que el trauma sea mayor.
Otros en cambio, optan por restarle importancia, pidiéndole al niño que se calme o se tranquilice.
Ambos casos, aunque no lo creas son perjudiciales para tu pequeño. Estamos hablando de situaciones en las que el niño no es capaz de superarlo por si solo.
Una situación estresante para vuestro hijo o alumno puede ser, subirse a un escenario y tocar. Los focos, el público, los micrófonos, el silencio, las respiraciones quedas, incluso la presencia de los padres (pues son su mayor preocupación) todo ello hace que el niño viva cierto estrés. El cómo afrontarlo supone que quiera volver a pisar un escenario o no. Es importante trabajar desde pequeños el “antes” y el “después” de un concierto. Desde que se da la noticia, se ensaya, se prepara para salir, hasta que finalmente sale al escenario y sale de él, es un proceso que hay que cuidar con gran esmero, tanto padres como educadores.
Ayer mismo, cuando esperábamos tras el escenario para salir a dar el concierto, se acercó el profesor del grupo de baile que también actuaba en el evento que patrocinaba la Diputación de Alicante, con motivo del Día de la Familia. Con gran energía se presentó, cuando yo tenía a mis alumnos concentrados, sin nervios exagerados y hablando tranquilamente, esperando con ilusión el momento. Ese profesor, antes de presentarse incluso, pasó por delante de nosotros diciendo la popular frase: “Mucha mierda”, frase tan extendida entre artistas. Mis alumnos, me miraron con extrañeza y con cara de no entender nada. No entendían por qué un adulto les rompía su concentración, tranquilidad y utilizaba esas palabras que a ellos les está prohibido decir. A la inapropiada frase, la acompañó de un sin fin de palabras rápidas y llenar de mensajes que restaban importancia a todo, casi hasta al propio acto. Eso provocó en mis alumnos cierta confusión de criterios, por unos instantes. Justo en el momento de salir a escena, cuando ellos estaban con su mente perfecta para tal menester. Mi equipo pedagógico y yo, tuvimos que volver a preparar sus mentes para el momento inminente.
Para evitar el pánico escénico, hay que trabajar varios aspectos. El momento que se da la noticia debe ser ilusionante, porque la ilusión tiene que poder a los nervios. Los padres en ningún caso deben usar el evento del concierto como arma de estudio, “sino estudias no vas”, “si no recoges tu habitación no vas al concierto”. Evidentemente sino se estudia, es difícil tocar bien ese día. Pero simplemente con decirle al niño: “ ¿tú quieres ir al concierto verdad, te hace mucha ilusión?, pero si quieres pasarlo bien tienes que asegurar con tu estudio de ahora ese momento, es decir, que te salga bien el día del concierto. Si te equivocas, no pasa nada, porque no somos robots, pero te sentirás mejor y más seguro si lo has estudiado muy bien.
Durante los ensayos debe primar la ilusión, el respeto, la concentración y el rigor por parte de todos. Ni nos podemos poner a gritar los padres, ni maestros, ni todo puede ser un buen rollo que todos se rían y hablen a destiempo, sin obedecer.
La llegada al auditorio debe ser relajada, salir con tiempo, para que no haya sorpresas para nadie, escuchar música lenta y tranquila durante el viaje, ayudará a nuestra respiración a controlarla, y por tanto nuestro corazón estará tranquilo. Hablar pausadamente, no es momento de “Leer cartillas”, sino es un momento de apoyar. Demostrarle a nuestro hijo que estamos con él, que lo apoyamos y que estamos muy orgullosos. Los niños quieren estar guapos para ese momento tan ansiado, así que podemos incluso decirles que qué peinado más bonito o qué elegante está. Eso ayudará a calmar tensiones. No es momento de consejos. Es momento de tranquilidad y apoyo.
Antes de salir a escena se debe estar lo más en silencio que se pueda. La respiración es importantísima, ya que si controlamos la respiración, controlaremos nuestros nervios y nuestro ritmo cardiaco. Cuánto antes salga un niño a escena mejor, pues no conocerá el miedo ni mucho menos el pánico escénico, pues habrá normalizado, subir a un escenario. Así como habrá normalizado las vistas que proporciona desde él. Lo majestuoso e incontrolable se volverá “ilusión” por demostrar lo aprendido a su público más importante, “sus padres”.
Ayer, mientras esperábamos para salir, la pequeña Olivia de 6 años me decía: “Helena, yo se que hoy tocamos para los abuelitos de viven aquí, pero quiero dedicar este concierto a mis padres, porque ellos son el público más importante de mi vida”. Imaginaros la emoción que todas las profesoras sentimos al escuchar las palabras de Olivia, a las que el resto de los participantes se unieron con el mismo deseo. Fue un momento mágico. Eso es lo que hay que vivir antes de salir a escena, recordar cosas bellas, que nos hagan sentir bien. Y no a un adulto nervioso, que no sabe controlar sus emociones, que en vez de aportar, equivoca a los niños.
En mi época de estudiante, yo era presa del pánico escénico, nadie trabajó conmigo esa parte de mi inteligencia emocional. El primer día que me subí a un escenario para mi primera clase de dirección musical con mi querido Maestro Enrique García Asensio, al coger la batuta y ponerme frente a la orquesta, mi mano no dejaba de temblar, haciendo que marcara mil anacrusas por segundo. Nunca se me olvidarán las palabras de mi maestro: ¿Cómo vas a ser capaz de controlar a 60 personas si no eres capaz de controlarte a ti misma?. Esas palabras hicieron que me cambiase completamente el chip, fue un proceso lento, es cierto, pero efectivo. Hacer yoga me ayudó muchísimo a controlar mi respiración, y saber que alguien como él confiaba en mí, también.
Las pequeñas mariposas del estómago siempre deben tenerse, esa alerta, la ilusión. Pero es importantísimo cuidar que el niño no experimente esa situación de pánico, ni de quedarse en blanco.
Ver cómo después de todo, ayer mis pequeños alumnos salían al escenario, ilusionados, risueños y seguros, hicieron que el concierto fuera un éxito. Y esa experiencia es enriquecedora y gratificante, pues desean que llegue el próximo.
Tras el concierto es importarte para ellos darles la enhorabuena, por el trabajo y el esfuerzo, y ver las cosas que hemos aprendido y las cosas que podemos ir mejorando poco a poco de una forma despreocupada. Que vean que estamos realmente orgullosos de ellos, como personas y como artistas.


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