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EL USO INADECUADO DE LA MÚSICA

Tuve la suerte de estudiar musicoterapia en Bilbao, con su “gurú”, Rolando O. Benenzón, reconocido como uno de los cuatro músicoterateutas más importantes del mundo. El me introdujo en la musicoterapia activa y en la aplicación a las patologías más importantes que sufre el ser humano.

Si bien es cierto que toda la música tiene una función, por muy vanal que ésta nos parezca, es necesario saber cuándo, con quién, cómo y a qué edad usarla. El uso inadecuado de la música puede convertirse en un peligro para nuestra salud, mayormente si la introducimos en el campo de la musicoterapia.
Pese a que estamos en la era de la comunicación, tal masificación de medios, ya ha comenzado desde hace años a estructurar una de las patologías más graves, que es la incomunicación; y paradójicamente la música contribuye también a esa patología.
Debido a la gran potencia que posee el sonido y el fenómeno acústico, debemos ser muy cautelosos. Escoger correctamente la música dependiendo el momento y nuestras necesidades. Aún más cautelosos si se trata de niños, y más si son muy pequeñitos o muestran alguna patología, ya que el uso inadecuado o exagerado de la música provocaría enquistamientos, reforzaría la etapa narcisista, incluso el autismo y la sintomatología psicótica. Esto ocurre sobre todo cuando se utilizan los sonidos en forma pasiva en algunos niños con características autistas, estos comienzan a crear autoquistes por la estimulación pasiva de fenómenos musicales. En numerosas ocasiones he escuchado como algunos padres en la primera entrevista para traer a su hijo a la escuela para aprender violín, me contaban orgullosos, para hacerme ver la pasión de su hijo hacia la música, que el niño desde muy pequeñito se podía pasar horas escuchando ciertas audiciones de música clásica, aislado de todo contexto. El niño debe escuchar música, si. Pero no durante horas y mucho menos desconectado de todo. El niño tiene que interactuar, comunicarse verbal o no verbalmente, pero no debemos consentir esa pasividad reiteradamente. No soy partidaria de poner música al niño cuando duerme. Cuando el pequeño duerme tiene que descansar y la música que escucha mientras duerme, está entrando en su cerebro de una forma inconsciente y puede hacer el efecto contrario al deseado. Solamente los especialistas pueden usar esta herramienta. La música tiene un grandísimo poder en la psique y una música mal escogida puede no ser beneficiosa para nuestra finalidad. Pensemos simplemente en una escena de miedo en una película. La sensación de pánico, de intriga y de transportarnos hasta la misma escena, no tendría el mismo efecto de terror, sin una música adecuada. Ahora somos más conscientes del poder de la música en nuestra psique.
Es interesante la advertencia que hace Hajime Murooka , doctor de la Facultad de Medicina de Tokio. Estudió el latido del corazón materno en las reacciones de los recién nacidos, tanto prematuros como los que nacieron a su tiempo. el doctor Murooka introdujo un micrófono diminuto en la matriz de tres futuras mamás, y registró los latidos de sus corazones tal y como le llegaban al feto. Tras grabarlo, lo puso a 300 bebés que lloraban, 20 de ellos eran prematuros, y el 85% de ellos se durmieron o se callaron en menos de un minuto. Al difundirse la noticia, las empresas no dudaron en surtir la creciente demanda con éste tipo de grabaciones. Pero el doctor Murooka advierte que los latidos reconfortantes sólo deben emplearse durante las dos primeras semanas de vida del bebé, porque de lo contrario éste se pasará el tiempo durmiendo y carecerá de estímulos necesarios para su completo desarrollo.
El bebé también necesita silencio. El uso indiscriminado de elementos musicales y aparatos electrónicos son perjudiciales.


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