Estimulación temprana

ESTIMULACIÓN TEMPRANA

Los primeros años de mi vida en el colegio nunca fui una estudiante brillante, ni siquiera mediocre. Mis expedientes académicos estaban llenos de materias suspendidas. Realmente no lo comprendía. Yo estudiaba pero no daban fruto mis estudios. ¿Os imagináis la frustración tan grande que conlleva esa situación, no solo a nivel personal, sino a nivel social?

Con quince años comencé a preguntarme dónde estaba el problema, dónde radicaba, por qué tenía tantos problemas para aprobar un simple examen. Bien, comencé a replantearme mi método de estudio. No fue fácil, pero sin duda lo fui solventando, hasta convertirme en una estudiante brillante, con muy altas calificaciones en mi carrera musical, ¿comó? poniendo en marcha un mecanismo de herramientas.
Desde que nacemos, nuestros padres nos guían. Nosotros nacemos libres, sin prejuicios. Son nuestros padres y familiares los que nos enseñan y guían nuestro camino. Pero algunos padres no guían, sino programan. Recuerdo como si fuese hoy las palabras y frases de mi madre: “pórtate bien”, “estáte quieta”, “debes ser buena persona”, “estudia”, “no mientas”, “no hagas”, “haz esto y haz lo otro”. Mi madre como todas aquellas madres que quieren que se las recuerde por ser “las mejores madres del mundo”, me inculcaba ciertas conductas en forma de mandato y responsabilidad.
Y oía frases como: “es muy tímida”, “tiene miedo” le decía a la gente delante de mí, “la pobre tiene tan mala suerte”, “mira que estudia, pero es que no hay forma”. Y todas esas frases las oía y se instalaban en mi cerebro como se instalan las frases maternales. Cada palabra una losa, cada palabra un amén. Sin que ella lo supiese me estaba programando para ser una buenísima obediente y persona súper responsable. Al día de hoy lo sigo siendo, pero algo cambió en mí.
Cada vez que me sentaba frente a un examen o tocaba en público, el pánico escénico se apoderaba de mí. Mi cerebro se quedaba en blanco y como consecuencia de nervios y respiración agitada, una tremenda hiperhidrosis emanaba de mi cuerpo y sobre todo de mis manos. ¿Os podéis hacer una idea de lo que es presentarte a un examen del colegio o una simple clase de violín con todas las manos empapadas en sudor?.
La programación cerebral puede venir por parte de profesores también, no solo la responsabilidad recae en los padres. El buen maestro debe entender el cerebro de su estudiante y ser un gran conocedor de la etapa en la que esté. Esto se extrapola a padres y toda aquella persona que influya en la vida y el cerebro del niño.
Tras arduas horas de estudio y experiencias, llegué a la conclusión de que gran parte del fracaso escolar no está únicamente en que el estudiante no estudie o no sepa cómo hacerlo. Sino que el problema radica en cómo formamos su mapa cerebral.
¿Por qué si yo estudiaba no obtenía resultados?
Muy sencillo, durante mi edad temprana únicamente recibía órdenes de cómo debía hacer las cosas. No me dieron, ni enseñaron herramientas para solventar mis problemas. Si me quedaba en blanco en un examen no sabía salir de esa situación porque yo solo sabía recibir órdenes y acatarlas. No es que mi madre fuese un sargento, era una madre cariñosa, pero su premisa era convertirme en una mujer obediente. Podéis pensar que eran otros tiempos, pero quizá os sorprenda saber que el patrón se repite. ¿Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos? – Madre mía! pero si me parezco a mi madre (o a mi padre) hablando y dando órdenes. Eso sigue ocurriendo. Debemos cambiar la forma de hablar a nuestros hijos. Ese patrón ha quedado obsoleto y a la larga es dañino para la psique de nuestro vástago o estudiante.
Quedarse en blanco y ganarle la batalla al pánico escénico no es otra cosa que utilizar las herramientas oportunas para batallar contra eso. Y eso se enseña y se aprende. Y debería ser un fundamento.
Imaginar a un carpintero que quiera hacer un banco pero únicamente dispone de dos herramientas. El carpintero buscará y rebuscará en su cerebro cómo construir de manera eficaz el banco. Está claro que cuantas más herramientas tenga, mejor y más rápido podrá construirlo. Con nuestros pequeños es lo mismo. Comenzarán usando dos herramientas y dependiendo de la estimulación a la que le expongamos, enseguida esas herramientas se multiplicarán.
Gran parte del fracaso escolar es por el sistema educativo, la memoria de repetición no funciona, no es eficaz y sirve para un corto plazo de tiempo, casi para el examen y después la mayoría se olvida. No hay una educación del saber, sino del aprendizaje rápido y rellenar expedientes académicos. No todos los niños tienen una memoria visual ni mucho menos fotográfica para estudiar y repetir. Enseñémosles a nuestros pequeños a correlacionar mediante la memoria significativa y otras memorias eficaces y duraderas, digámosles para que sirven las cosas y por qué se suelen hacer así. Tenemos que crearles un interés por el conocimiento. Es lo mismo que si un vendedor trata de venderme una plancha y yo ni sé para que sirve o simplemente he oído a mis padres o abuela, lo cansado y angustioso que es planchar. Evidentemente trataré de no comprar una plancha y no sabré valorar lo que es capaz de hacer con la ropa y con mi aspecto.
Hace cuarenta años la estimulación temprana era muy parca, hoy en cambio hay una sobreestimulación. Ambas son nefastas para nuestro pequeño. Han brotado como malas hierbas centros de estimulación temprana, antes se llamaban centros de estimulación precoz. El mismo perro con diferente collar. Los padres creémos que va a ser la solución para que nuestro pequeño haga una conexión cerebral eficaz y una sinapsis espectacular. Y se dan cuenta con el tiempo que no han conseguido lo que se proponían. Incluso no contentos con los nombres anteriores de sus centros ahora han “creído” poner de moda la musicoterapia en niños recién nacidos y edades muy tempranas y totalmente sanos, como si de una nueva corriente se tratase.
Hace más de 25 años estudié con Rolando Benenzón , el gurú de la musicoterapia y os puedo decir que ya llevaban muchísimos años con ese proceso. Platón y Aristóteles ya hablaron de que la música tenía propiedades curativas. No fue hasta el siglo veinte cuando se consolidó como profesión la musicoterapia. Así que de nuevo, nada.
Rolando Benenzón define la musicoterapia como una psicoterapia que utiliza el sonido, la música y los instrumentos corpóreo-sonoro-musicales para establecer una relación entre el musicoterapeuta y paciente o grupos de pacientes, permitiendo a través de ella mejorar la calidad de vida y recuperando y rehabilitando al paciente para la sociedad. También explica que la musicoterapia es el campo de la medicina que estudia el complejo sonido-ser humano -sonido, con el objeto de abrir canales de comunicación en el ser humano, producir efectos terapéuticos, psicoprofilácticos y de rehabilitación en él mismo y en la sociedad.
Y si nos fijamos en el significado de la palabra “paciente” veremos que es la persona que padece una enfermedad o está en tratamiento.
Se ha puesto de moda llevar a nuestros niños sanos a musicoterapia. ¿Lleváis al médico a vuestros hijos sanos?, ¿lleváis al psicólogo a vuestros hijos por prevenir simplemente? Ahí dejo la reflexión.
La estimulación temprana debe ser exacta, siempre por un profesional, evitad los pseudoprofesionales en la medida que se pueda. Y si está bajo el nombre de musicoterapia y centro de estimulación temprana más, pese al nombre rimbombante y seductor.
El uso inadecuado de la música puede convertirse en un peligro para nuestra salud, mayormente si la introducimos en el campo de la musicoterapia. Y en muchas ocasiones se paga precios elevados por esas sesiones que en definitiva no dejan de ser jardines musicales, eso en el mejor de los casos.
Los jardines musicales estaban muy bien hace 40 años, pero hoy en día resulta precario para el cerebro del niño.
Si el modo de alimentación ha cambiado desde entonces y ahora no nos vale cualquier leche ni alimento para nuestro pequeño. El jardín musical sirve para aquellos padres que nos les importe dar pocos o escasos nutrientes al cerebro de su hijo.
El niño demanda saber, experimentar. No hagamos niños únicamente obedientes, sino formemos niños ávidos por el conocimiento. Porque cuando ellos experimentan creemos en gran medida que nos están echando un pulso. Ese pensamiento está lejos de la realidad. El niño de menos de tres años trata con su cerebro reptil. Cuando tira repetidamente las llaves al suelo, no está tratando de desquiciarnos (eso lo hacemos nosotros solitos por nuestra falta de paciencia y nuestra escasa capacidad para el juego). A través del juego está experimentando y aprendiendo. No olvidemos que el niño aprende a través del juego.
Por último deciros que no programéis a vuestros pequeños con frases lapidarias como “ es que es muy tímida”, “uf! pero que bruto es” “ eres muy desordenado” etc,.
Nacemos con los ojos de un color, eso no se puede cambiar. Una conducta sí se cambia. No vamos a tener siempre esa conducta porque las conductas son cambiantes. No enlosemos a nuestros pequeños. Decía Goethe: Trata a una persona tal y como es y seguirá siendo lo que es. Trátala como puede y debe llegar a ser y se convertirá en lo que puede y debe ser.
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