Método Helena Colina Alicante

HERRAMIENTAS PARA EL ESTUDIO CON EL PEQUEÑO MÚSICO: EMPATIZAR

El principal problema al que muchos padres y madres se enfrentan, es a la dificultad del manejo y conocimiento de sus propias emociones; y al cansancio tras la jornada laboral, tanto dentro como fuera de casa. Esos factores en ocasiones nos impiden pensar, razonar e incluso empatizar con nuestro pequeño músico. Es ese uno de los momentos que nos encantaría que fuese mayor y estudiase solo en su habitación, es decir que ya tuviese el hábito aprendido. Pero no es así y ese hábito se hace poco a poco, y día a día.

La mayoría de las veces los adultos nos sentimos desbordados y desconcertados por nuestras propias emociones, sin entender cómo hemos llegado a ese estado o quién o qué nos ha puesto de este humor. Simplemente el cansancio de la jornada puede debilitar nuestro razonamiento y saltar a la mínima. Ese estrés no tardaremos en contagiarlo a nuestro pequeño, y el niño músico es lo que menos necesita. Ya que tras toda su jornada en la escuela infantil, guardería o colegio, ha hecho sus tareas como el resto de niños, pero además tiene un extra, que aunque le ilusione, le guste y conecte con su instrumento, no deja de ser un esfuerzo. Nosotros como adultos debemos tener en ese momento grandes dosis de paciencia y empatía. Ser padres es dar sin recibir nada a cambio. Éste es un buen momento para enseñar a nuestros hijos una gran herramienta:
“Al cansancio se le combate con paciencia”
Cuanto más cansados estemos todos, más tranquilidad y más despacio debemos hacer todo. No demostremos a nuestro pequeño que hay prisa por terminar. Frases como: “cuánto antes empieces, antes acabas”; “ponte ya, date prisa que nos dan las uvas”; “venga que aún tienes que bañarte, ponerte el pijama, cenar, leer un cuento y dormir, que mañana tienes que levantarte pronto, que tienes un largo día por delante”…buf! menudo estrés.
Primero una cosa y después la otra. Bastante hemos corrido todos durante el día, como también tenerlo que hacer hasta que se duerman. Aprovechemos ese momento de estudio con el instrumento para relajarnos, no importa lo que se avance, importa cómo se avance. Es preferible tocar bien dos compases en los que se ha trabajado tranquila y conscientemente, observando la posición, el sonido y corrigiendo pequeños errores, que hacerlo todo, sin sentido y sin consciencia. Si no nos gusta perder el tiempo en nada, tampoco en el estudio ni desarrollo intelectual de nuestro pequeño. Recordemos que para estudiar un instrumento se requiere de memoria emocional, intelectual, significativa y por supuesto muscular. Por lo que no podemos saltarnos ningún paso, de ser así, no estaremos avanzando y nuestro pequeño músico no estará ni conectando con la música, ni con el instrumento, ni estará desarrollando otras capacidades neuronales. Que eran nuestro punto de partida. Con la música hay que disfrutar en todo momento y en ciertas ocasiones a padres y profesores se les olvida. Durante estos años, he observado y experimentado, cómo algunos profesores salpican con sus problemas, a sus alumnos, buscando en el alumno la empatía que ellos deberían darle al él. El alumno no está para escuchar problemas, está para aprender. Aprender técnica, sonidización, interpretación y herramientas para afrontar el pánico escénico, el estudio diario y ayudarle a potenciar la autoestima.
He visto, escuchado y experimentado en mi misma y durante la estancia de mis hijos en el conservatorio, profesores-funcionarios que trasladaban sus limitaciones, miedos, estrés y desidia a sus alumnos. Del mismo modo hay padres que responsabilizan a sus hijos, de una dura jornada de trabajo, e incluso les reclaman que empaticen con ellos, cuando ni ellos mismos han empatizado con sus hijos.
Frases como: “sé que estás cansado, la verdad es que hoy todos hemos hecho muchas cosas, pero ahora vamos a disfrutar un ratito con la música y a relajarnos de todo el día. Así pasamos un rato a solas tú y yo, que te he echado de menos”. De esta forma, no sólo estamos empatizando con él, sino que le hacemos partícipe de nuestra situación, y empatizará con nosotros, papá y mamá se cansan como yo. No somos más que él, estamos en la misma situación, pero quieres disfrutar con él, quieres ayudarlo y pasar tiempo con él, que es precisamente lo que más le gusta a un niño. Pasar tiempo con sus papás y disfrutar con algo.
Al niño la palabra “LUEGO” le queda muy lejos. Ellos viven el presente, algo que a nosotros se nos olvida en la mayoría de las ocasiones. Parece que las palabras “luego” y “después” se han vuelto nuestras compañeras y consejeras. Cuando estemos con nuestros hijos y alumnos la palabra que marque el tiempo debe ser el “AHORA”.
No dejaréis de estar agotados por pensar en el “Ahora”, pero os conectará con la realidad de disfrutar de vuestro hijo; de hacerle el estudio más llevadero; de quitarle importancia a las notas que no salen. Repetir es parte del aprendizaje, y aprender que repetir para ir mejorando, es una herramienta formidable, para ver la vida con otros ojos. Ser perfeccionista no es que salga a la primera, sino repetir para progresivamente vayamos mejorando. Y una vez aprendida, esa herramienta, la extrapolarán a otras situaciones de la vida. Aportando grandes beneficios.
Una buena organización y rutina, ayuda mucho a conseguir educar con empatía. Elegir los momentos y hacerlos todas las semanas. Planificarnos ayudará a vuestro pequeño a tener disciplina y la capacidad del día de mañana, a tener su rutina de estudio, sin necesidad de una lucha constante.
La mejor herramienta contra el estrés, es “Respirar”. Ante cualquier situación que nos desborde, altere o haga que perdamos el control, “Respiremos”. En otro capítulo hablaré sobre cómo respirar y cómo conseguir ese control tan ansiado.


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