empatía musical

LA EMPATÍA, LA HERRAMIENTA MÁS ÚTIL PARA EL NIÑO MÚSICO.

La empatía es la herramienta más útil que tenemos los padres y educadores para resolver situaciones difíciles con el niño. En algún momento vamos a encontrarnos con una situación donde el pequeño nos diga desbordado de emoción: “no quiero tocar”, “odio la música”, “estudiar violín es un rollo”, “¿por qué tengo que estar aquí estudiando cuando mis amigos están en el parque o con la maquinista jugando?”, “!Qué asco de solfeo”, etc.

La palabra Empatía proviene de la palabra griega em, que significa “ en” y de pathos, que significa “padecimiento o sentimiento”. Es la capacidad que tenemos de ponernos en el lugar del otro.
A diferencia de la “simpatía”, en la que dos personas coinciden, en la “empatía” no se coincide, pero se entiende a la otra persona. Es decir, si a tu hijo y a ti os vuelve locos la música y le regalan su primer violín, cuando lo veas ilusionarse y saltar de alegría, tú sentirás simpatía por sus sentimientos porque tú también te volverías loco si te lo regalasen. Pero si a tu hijo le gusta el violín y a ti no, cuando lo veas saltar de alegría ante su regalo, sentirás empatía. No te pondrás a dar saltos de alegría pero te sientes contento por él.
La empatía es una herramienta muy útil para ayudar al niño en momentos de tristeza, de enfado, de angustia y de frustración o desbordamiento de emociones, muy típicas en el niño músico. Sea cuál sea, la situación que se nos presente anteriormente mencionadas, el hecho de escuchar al niño con empatía va a ayudarlo a comprender lo ocurrido y conectar sus emociones con sus pensamientos.
El niño al igual que el adulto, tiene el cerebro emocional y el cerebro racional. Ambos cerebros tienden a funcionar de una manera independiente, y cuando experimentan una emoción muy intensa les resulta muy difícil, incluso casi imposible dominarlo.
La razón por la que la Empatía es una herramienta tan poderosa, es porque cuando la persona escucha una respuesta empática, se produce en su cerebro un efecto fabuloso. El cerebro emocional y el cerebro racional se “conectan”. Y éste hecho tiene un efecto calmante en el cerebro de nuestro pequeño músico. Esto ocurre gracias a las respuestas empáticas que recibe el cerebro y que activan una de las regiones que sirven de puente entre el cerebro racional y el emocional. Es una región situada en un pliegue profundo entre los lóbulos temporal, parietal y frontal. A esta región aislada entre los dos cerebros se le llama “ínsula”. Esta corteza insular nos ayuda a interpretar las señales corporales, a identificar las emociones y a experimentar el asco, el amor, el odio o la tristeza.
Cuando una región del cerebro emocional se excita en exceso debido a la tristeza, la frustración u otra emoción que le resulte intensa, el niño no será capaz de dominarlo. Lo mejor es un abrazo, palabras cariñosas y unas respuestas empáticas: “si, lo entiendo”, “lo siento de verdad”, “se que estás cansado”, “es normal lo que te pasa”. Esas u otras frases similares llenas de empatía, palabras cariñosas y un abrazo, ayudarán a deshacer esas emociones tan intensas.


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