Helena Colina

UNA VIDA DEDICADA A LA MÚSICA

La primera profesora de violín para bebés de 14 meses

Nací el 1 de Abril de 1973 en Bilbao, en la provincia de Vizcaya, en el norte de España. La clínica donde mi madre dio a luz, se convertiría años más tarde en un conservatorio privado. Soy hija única, de un padre administrativo que amaba la música y tocaba el piano y la guitarra de oído; y de una madre óptico, con una preciosa voz que cantaba en celebraciones eclesiásticas.
Desde los tres años quería ser compositora. Mis padres no sólo no pusieron ningún impedimento para que yo estudiase música, sino que me ayudaron, me animaron y me facilitaron lo necesario durante ese infernal proceso que sería estudiar música.
Mis primeros juegos con las muñecas eran cantando. Al ser hija única y jugar siempre sola, hizo que mi imaginación y creatividad se disparasen. Siempre estaba cantando melodías que yo creaba, en idiomas que yo me inventaba. Todas las tardes las pasaba con mi padre escuchando música, bien las que tocaba al piano o las que sonaban en el tocadiscos. Tenía una vasta colección de discos de todos los géneros. Desde música clásica hasta la música más actual de los años 70. Aprendí a valorar todos los géneros musicales gracias a él. Recuerdo que me disfrazaba y corría al salón donde mi padre me aguardaba con un nuevo disco, que yo bailaba hasta la extenuación. Me daba igual el género, todo me gustaba.
Llegó el momento de ir al colegio. Mis padres estaban preocupados de que yo tuviese una buena enseñanza, por lo que me llevaron a uno de los colegios más prestigiosos de Bilbao, las “Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús”, un colegio religioso únicamente de niñas donde por primera vez acudí a una clase extra escolar de solfeo, junto con una compañera, ella a las semanas claudicó y yo seguí. Cogí el curso de solfeo empezado, por lo que la primera clase no me enteré de nada, pero mi profesora olía como huelen las “mamás” y aquello me daba sosiego. Seguí en aquellas clases pese a que seguía sin enterarme, pero el simple contacto con las notas musicales me hacían feliz. Además, fue petición mía acudir a esas clases y pese a tener unos 5 o 6 años, yo sentía que aquello podría llegar a gustarme de verdad.
No me equivocaba, mis padres vieron avances y me pusieron una profesora particular para mi. Una monjita octogenaria con una paciencia infinita que olía siempre a café con leche. Seguí avanzando y llegó el momento de ingresar en el conservatorio “Juan Crisóstomo de Arriaga”. Todas las tardes mi padre me llevaba y esperaba horas en el coche hasta que yo saliese de las clases. Tras dos años de solfeo llegó el momento de escoger instrumento. Eligieron para mi el violín. Mi madre asesorada por el concertino de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el señor Barujan, el cual era su cliente de la óptica dónde trabajaba mi madre, decidió colocarme un violín. Yo era una niña muy dócil, y sinceramente a mi me daba lo mismo. No tenía un instrumento favorito, mi idea inicial de ser compositora seguía arraigada en mi.
Fueron años extremadamente duros, no di con los mejores pedagogos y ninguno apostó por mi. No supieron ver que mi talento era la constancia y el trabajo. Me intentaron enseñar desde la competitividad y el miedo al fracaso. Yo crecía, y mi timidez y sensibilidad, crecían conmigo. Hasta que en el último curso de violín, di con una extraordinaria profesora, Arantxa Pérez de Anuzita que vio en mi, ese potencial. Los días de lágrimas y frustraciones habían terminado gracias a ella.
Mientras terminaba mis estudios musicales de violín y composición comencé a sentir una fuerte vocación hacía la enseñanza. No quería que las próximas generaciones de músicos, vivieran y sintieran lo que yo había pasado. Comencé a idear un método para enseñar música de forma divertida. No fue hasta el nacimiento de mi primer hijo, cuando comencé a pensar en el violín como punto de apoyo a todo el estudio de pedagogía musical que había estado desarrollando. Trabajé en escuelas infantiles, por lo que me empapé de todas sus actividades y las llevé al campo musical. Ahí comenzó realmente la planificación de mi método.


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